Perseidas

 



Después de tanto estímulo del eclipse, ese evento que culminó por fin ayer. 

Me negué a verlo, directamente, pero mis perros me gritaban ¡paseo, paseo, paseo!.

Salgo y noto en el ambiente algo raro, pesado, silencio, ni los pájaros cantaban, confieso que me noté hasta mareada.
Quizás es algo muy poderoso que me tambaleó energéticamente hablando. 

Me metí en casa antes del “apagón” que duró menos de 2 minutos, pero me encerré en casa, una de las pocas personas creo que yo.

Más tarde, llegó la noche y miré al cielo sin mareo, con calma y me encontré con las Perseidas.

 En la gran ciudad, con algo de luz aún así, la paciencia tuvo su recompensa y pude ver algunas.

Fue precioso.

La verdad que quise pedir un deseo pero me perdí entre la emoción y la admiración de verlas aparecer. 

El deseo, este que se mezcla entre emoción y anhelo de algo mejor, siempre. 

Una vida que cambia constantemente donde hay sorpresas inesperadas, focos que dan luz a otras ideas y posibilidades. 

¿Porque no? 

Porque no hacer de esto mi vida, donde no tenga que esperar a ver las Perseidas y pedir “un deseo”. 

Y tomar yo el mando, hacer realidad lo que pienso, lo que creo, aún con miedo de equivocarme o acertar y crecer. 

Dejar que entren bendiciones, progreso y luz a mi vida para creer que si se puede. 

Dejar entrar a personas maravillosas, cosas maravillosas y sueños maravillosos. 

Dicen quien no arriesga no gana, hagámoslo.



Marisa A.

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