Nueva York
El despertador, una sala de espera, un café caliente, un embarque eterno, asiento en ventanilla, un avión preparándose para el despegue, un viaje y tu mano a mi lado. Esto es la antesala a la libertad. Caminar por calles que nunca he caminado. Admirar el arte, los cuadros y las esculturas mundialmente reconocidos, que mis ojos no habían visto antes, nutrirme de otra manera supongo. Ver nieve en la gran manzana, una amabilidad que irradia más que el reflejo del sol en el hielo. Pájaros comiendo de mi mano, las ardillas persiguiéndote por donde vas y rascacielos que te envuelven como una fortaleza real. Un anillo de plata enterrado en la nieve, donde solo se asoma una piedra perlada, junto a la entrada del Central Park, el mejor souvenir de Nueva York. Un sol que estuvo presente esa semana, un alivio grato que sucumbió el gélido invierno. No, no exagero créeme. El frío, un frío congelador, ese que invade por completo tu cuerpo de arriba abajo y tú buscando un refugio donde esc...