Parte de un diario que escribo
Desde cuando las estrellas hacen nudos y se enredan entre las sombras de la noche que desemboca en una tibia marea que es tajante a la orilla Cuando una almohada ha mecido sueños sin compromiso alguno y a la vez despierta ligera con ganas de hacerlos realidad. Porque la mujer del espejo en vez hace malabares con el tiempo, mejor no baila con ella hasta que salga el sol y ver el amanecer juntas. La verdad que mis manos tiene líneas de expresión y me encanta, así sé que estoy viva, que siento, que me muevo, que me duele, que disfruto, que vivo, otra vez... Que tuve que agarrarme sino me caía y aún cuando me caí en algún momento, mis brazos empujaron fuerte hacia el cielo para levantarme a veces no sé ni cómo. Desde cuando un CV define tu valía sin que haya una mínima muestra de feedback o de humanidad entre ambos. Tan frío y tan fina la empatía, como esa hoja blanca que sabemos que acabará arrugada en una papelera. Dame mejor un neceser de ambiciones infinito que agazape toda...