Sueños sencillos
Día cincuenta y tres de Enero, se hace largo este mes, aún sabiendo que faltan cuatro días para que acabe.
Quizás por que han pasado demasiadas cosas.
Hoy es un día gris y con lluvia, adoro este clima, tiene una mezcla de añoranza y nostalgia. Es como un despertador de la musa.
Cuando me levanté, saqué a mis perros al paseo y ellos tampoco querían salir. Prefieren el cobijo de nuestra casa con alguna manta encima.
Vuelvo a casa y con el desayuno en la mesa, cojo mi cuaderno y el bolígrafo para envolverme entre tinta y pensamientos.
Nunca el silencio se volvió tan cómodo.
Tal vez, entre tanta mala noticia en la televisión estos días anteriores, mi cabeza abre paso a escribir sobre como mi vida o bueno, la vida de todos, es tan frágil, ligada a un hilo tan fino que se puede romper en un segundo.
Mi consciencia siente miedo y se asusta de la distancia tan corta que hay entre la vivacidad y la somnolencia eterna. (Ella poética siempre)
Veo necesaria, esas conversaciones incomodas, para ser más libres y con menos ataduras.
Siendo consciente del hoy, que hace mi ayer más valioso, porque el recuerdo y las heridas, fueron leña para lo que soy ahora. Pensando en un mañana que no ocupe mucho.
Hoy la vela blanca de mi salón me acompaña mientras el viento de fuera resuena en la ventana.
Aún así, después de todo elijo la amabilidad y la sonrisa afable ante una amargura sin sentido, aunque reconozco soy humana y tengo los días buenos y malos.
Tras esta reflexión tan agridulce, acabo y vuelvo a quedarme hoy que puedo, a escribir sueños más sencillos donde haya juegos de mesa, una taza de café caliente y risas con música de fondo.
Nos vemos pronto...

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